De pequeñas, quedar era fácil. Bastaba una tarde libre, una llamada y poco más. Después llegaron los trabajos, las agendas imposibles, los niños, las mudanzas y ese grupo de WhatsApp en el que lleváis semanas intentando encontrar una fecha que le vaya bien a todo el mundo.
Quizá por eso viajar con amigas tiene ahora algo distinto. Ya no se trata tanto de irse lejos como de conseguir estar juntas. Sin mirar el reloj. Sin ese “tenemos que vernos más” que se repite siempre justo antes de despedirse.
El otoño ayuda. Y Sevilla también.
Es una ciudad que se presta especialmente bien a un viaje sin demasiadas obligaciones. Se recorre a pie, invita a sentarse fuera, a desviarse un poco y a entrar donde apetezca. Podéis coger unas bicicletas, ver una exposición, caminar sin rumbo, alargar un almuerzo hasta que casi se junte con la merienda o descubrir un bar al que, inevitablemente, querréis volver al día siguiente.
Aunque quizá el verdadero lujo sea no tener tantos planes.
Dormir hasta tarde. Desayunar sin prisas y sin que nadie os reclame desde otra habitación. Pedir otro café. Volver arriba. Tumbarse un rato. Hablar de una cosa y acabar, una hora después, hablando de otra completamente distinta.
«inevitablemente, querréis volver al día siguiente»
Plácido y Grata nació con esa idea: crear un lugar en el que el tiempo pudiera perder un poco de importancia.
También están esos pequeños rituales que, entre amigas, adquieren otra dimensión. Una ducha larga, música mientras os arregláis, prestarse una crema, terminar una conversación frente al espejo. En las habitaciones encontraréis una selección de productos de ROWSE para convertir ese momento en una pequeña rutina compartida de cuidado.
Después podéis salir otra vez. Dar un paseo, volver en bici o tomar un cóctel en la terraza del hotel cuando empiece a caer la tarde.
Y seguir hablando.
Seamos realistas, una escapada con amigas no necesita mucho más que: una ciudad amable y el tiempo suficiente para volver a estar juntas.
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